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Autobiografía de una nutricionista afortunada

Wednesday 5 th August 2015

Detrás de cada nutricionista y, en general, de la mayoría de personas que se dedican a la salud, hay una historia personal de enfermedad. Yo no soy una excepción.
Este verano he decidido escribir una pequeña historia sobre cómo el hecho de cambiar a un estilo de vida más sano incidió sobre la salud de mi familia.
Mi historia no es particularmente interesante ni asombrosa, de hecho es bastante corriente. Es la historia de una familia que gracias a padecer un cierto tipo de enfermedades descubre cuál es la forma de conseguir una buena salud; gracias también a encontrar personas maravillosas que me dirigieron hacia los buenos tratamientos, después de probar multitud de ellos; de ser agraciada con facultades como una mente abierta, un espíritu crítico, un amor por la ciencia y una cierta capacidad de sacrificio; de ser agraciada con una familia que siempre ha respaldado mis decisiones sobre los cambios a realizar en materia de salud; y por tantas muchas otras gracias con las que he sido bendecida.
Es gracias a ello que actualmente gozamos de una muy buena salud y puedo ejercer una profesión que me apasiona y que me llena completamente como persona.
Espero que con esta historia consiga animar a personas en situaciones similares a las que yo me encontré a seguir un camino similar.

Mi infancia

Siendo un bebé, mi querida madre pasaba interminables noches meciiendo la cuna  sin poder consolar mis lloros. Sin duda debía sufrir cólicos.
De pequeña, recuerdo no poder acudir prácticamente nunca a las lecciones de natación en la escuela debido a mis continuos resfriados, catarros, otitis, faringitis, gripes y verrugas plantares super-resistentes. Así que fui tratada con sucesivas dosis de antibióticos, antitusivos, expectorantes, mucolíticos, anti-térmicos, calmantes, inmunoglobulinas, y hasta radioterapia para las verrugas.
Más adelante, de jovencita, un médico dijo que mis continuos constipados no eran tales, sino alergia. Las pruebas resultaron positivas a prácticamente toda substancia que se pueda respirar (no hicieron ninguna prueba a alimentos). Un tratamiento de desensibilización que duró años no me surgió ningún efecto. Así que continué viviendo con mi alergia diaria, probando diferentes tipos de antihistamínicos para poder llevar una vida normal sin alergias pero sin somnolencia, que no me hciera dormir en las clases o conduciendo.

Mi hija

Pero el hecho de que sea nutricionista es gracias a mi hija. Fue gracias a ella que empecé a relacionar mi estado de salud con la nutrición. 
Mi hija también sufrió, al igual que yo, agudos cólicos siendo un bebé, y continuas enfermedades a repetición, como yo. Pero además, también le afectaba al carácter, con una timidez extrema, una hipersensibilidad, depresión y trastorno obsesivo. (Supongo que a mí también me afectaba al carácter, parece ser que yo era lo que actualmente calificarían de una niña hiperactiva con déficit de atención y retraso del habla). Así fue creciendo, hasta que a los 8 años se le añade la circunstancia de un estrés acusado debido a un problema relacional con su profesora. En este momento, empieza a perder peso, y después de un tiempo el médico encuentra que padece la enfermedad celíaca. 
Entonces busco la forma de curarla de su intolerancia al gluten. Desde hacía unos años habíamos empezado a utilizar las medicinas alternativas, y en este momento, visito un naturópata, una de las primeras personas a las que debo agradecer nuestra buena suerte, que me explica que el problema no está en mi hija, sino en el gluten y me recomienda seguir la dieta hipotóxica del Dr. Seignalet para tratar mis alergias. 
Mis alergias habían ido en aumento con los años, y había desarrollado lo que se llama una sensibilidad química múltiple (SQM), una enfermedad en la que se reacciona a cualquier producto, en mi caso, que se pueda respirar. Esto me imposibilitaba poder, por ejemplo, ir a comprar ropa o zapatos en una tienda sin tener un ataque si no había tomado antihistamínicos, debido al olor que desprenden los tintes en la ropa nueva; por no hablar evidentemente del humo del tabaco, de los perfumes, los productos de higiene, los libros de cierta antigüedad, cualquier producto químico de limpieza, etc. Supongo que esta sensibilidad respiratoria extrema tiene su origen en el tabaco que respiré desde que era un bebé en mi casa, y a la contaminación de la ciudad donde vivía, y fue agravándose con las medicinas y las vacunas. Además, otras enfermedades se habían añadido a mi lista de padecimientos, como fatiga, dolor de espalda, síndrome de Raynaud, inflamación del hígado y la vesícula, caída del cabello, palpitaciones, síndrome premenstrual, dermatitis, sed intensa constante, etc., además de un carácter irascible, nerviosidad, impaciencia, mal humor, etc.

La remisión empieza

A partir de que empiezo la dieta sin gluten y sin productos lácteos mis alergias, y todos los demás problemas de salud que padecemos toda mi familia y yo, empiezan a mejorar. Y decido aprender más sobre nutrición, descubriendo los tests de intolerancias alimentarias, la flora intestinal, los probióticos, los ácidos grasos… ¡todo un nuevo mundo de posibilidades para tratar cualquier enfermedad! 
Finalmente decido realizar una formación en nutrición para ayudar a otras personas a sanar a través de la nutrición, tal y como experimentamos en nuestra familia. Una amiga me aconseja la escuela de nutrición Stelior, donde científicos extraordinarios nos formaron con las últimas tendencias y técnicas médicas que ni tan sólo los médicos convencionales conocen.
Paralelamente descubro también el mundo de las medicinas alternativas energéticas, el poder de la mente y la visualización, y, gracias a unos amigos, empiezo a cuidar también mi alimentación espiritual.
En todo este camino recorrido ha habido muchos pasos intermedios. He probado muchísimas terapias, algunas de ellas con resultados muy positivos, algunos neutros y otros negativos. Sin entrar en detalle, nombro algunas de las terapias: las técnicas alternativas de desensibilización (NAET y bioresonancia), la homeopatía, la herbología, las tendencias relativas a la nutrición basada en análisis médicos funcionales, la complementación o medicina ortomolecular, la quelación de metales pesados bajo supervisión médica, la hidroterapia de colon, la limpieza de hígado y vesícula de Andreas Moritz, la Ciencia de la Vida y múltiples dietas que van de la dieta Seignalet, la dieta de los grupos sanguíneos, la nutrición integrativa, diferentes dietas Paleo como la dieta GAPS, y las dietas vegetarianas, veganas y crudivoristas. Finalmente, ha sido la nutrición la que ha resultado más efectiva.
Actualmente toda la familia goza de una salud extraordinaria. Concretamente yo sigo una dieta principalmente higienista, mayoritariamente crudi-vegana. Pero estoy segura de que no he llegado al final de mi carrera. Mis alergias se han reducido espectacularmente, siempre y cuando me ciña a la dieta adecuada para mi persona y respete mis necesidades de sueño, actividad física, sol, limite el estrés y gestione mis emociones. Solamente sufro algunos ataques de alergia en primavera, cuando la cantidad de polen es máxima. Supongo que la remisión completa es muy difícil y existen ciertos límites debido a las circunstancias de la vida que son incontrolables. Por ejemplo, algunas veces me salgo de la dieta, no tengo suficiente tiempo para dormir lo que mi cuerpo necesitaría, etc. Pero todavía tengo las esperanzas puestas en el ayuno prolongado, una técnica que todavía no he probado y que es mi próxima meta! 

Principios fundamentales de la curación

En todo este camino he aprendido que hay tres principios fundamentales para poder llegar a la curación, principios que he incorporado en mi aproximación llamada LivingFullyNourished:
1.- Aprender, formarse y leer tanto como sea posible sobre salud. Tener un espíritu crítico y una mente abierta, capaz de poner en duda todas las ideas preconcebidas sobre salud.
2.- El mejor médico es uno mismo. Es importante escuchar el cuerpo.
3.- Poner en práctica lo aprendido, superando los obstáculos que lo impiden.
En mi caso, mi pasión por la ciencia me ha ayudado en el primer principio.
Respecto al segundo principio,  he experimentado con mi organismo diferentes terapias, y he aprendido a observar las reacciones y a relacionarlas con los alimentos y otros aspectos de la vida. No solamente con mi persona, sino también con la de mis hijas. He tenido la suerte de padecer una hipersensibilidad a los alimentos, con un efecto en el tiempo reducido de máximo unas 36 horas y amplificado respecto al resto de las personas, que me ha permitido aprender fácilmente a escuchar a mi cuerpo e identificar los alimentos que desencadenaban mis problemas.   Así por ejemplo, el efecto excitante del café, del chocolate o del té en mí se multiplica por 1000, con nerviosismo, insomnio y palpitaciones; una mínima cantidad de alcohol me somete a un estado de somnolencia extrema; el efecto desmineralizador de los cereales refinados se manifiesta en poco tiempo en mi pelo y en mis uñas, además de mi circulación con el síndrome de Raynaud; por supuesto el efecto alergénico de los frutos secos, de los huevos o de la leche es para mí enorme; las legumbres me provocan enormes flatulencias; las grasas en exceso me producen reflujo por indigestión; sufro calambres, conjuntivitis, mi alergia y el síndrome de Raynaud empeora con todo tipo de azúcares, jarabes, miel y fruta seca; me aparecen pequeños quiestes en las manos cuando tomo soja o sus derivados; padezco insomnio y calambres al comer frutos secos; el tomate me da dolor de espalda y los huevos dolor de piernas; los productos lácteos me inflaman el hígado, me hacen engordar, me dan dolor de cabeza y me salen clavos en los pies; el chocolate negro también me inflama el hígado; el plátano y la manzana me producen gases; todos los aceites y algunas grasas, como la de coco, me dan alergia; la carne y el pescado me producen intolerancia a la fructosa, hipoglucemia, estreñimiento, sed intensa y mal olor corporal; la zanahoria me estriñe y un largo etcétera. Ya no recuerdo cuál fue el efecto principal que me provocaba el gluten, ya hace muchos años que dejé de tomarlo y nunca he probado de reintroducirlo, pero mis hijas ambas sufren dolor de vientre y dolor de cabeza, tanto mi hija celíaca como la que no lo es, además de desencadenar fácilmente gripes, faringitis, otitis, etc. Los cereales eran también los responsables del asma que padecía mi madre.
Respecto al tercer punto, no me considero la persona con la mayor voluntad del mundo; para ser sincera debo confesar que a menudo caigo en la tentación de comer alimentos perjudiciales para mí, pero conozco los posibles riesgos sobre mi salud. Y lo mismo digo a mis hijas cuando quieren saltarse su régimen. En algunas ocasiones no sucede nada, según otros aspectos como el estrés de la época, el cansancio acumulado, etc., pero la mayoría de las veces las consecuencias se hacen notar. 
La mayoría de nutricionistas reconocemos que nosotros somos también humanos y que a veces nos salimos de nuestra dieta. No es fácil para nosotros tampoco vivir al margen de una sociedad donde se suscita constantemente el placer de todos los sentidos, se persigue la vida fácil sin sacrificios ni ningún tipo de sufrimientos, se falta el respeto por las personas y se margina fácilmente por ser diferente en algún aspecto. Pero a pesar de los sacrificios e inconvenientes que comporta seguir un estilo de vida sano, conseguimos llevar una vida que considero mucho más feliz que la que llevábamos anteriormente con una vida convencional. ¡Vale la pena! Como uno de mis maestros preferidos, Joshua Rosenthal dice: “The more you live in balance, respecting nature and yourself, the more likely you will be in the right place at the right time, all the time. People will call you lucky and you may think it’s simply coincidence, but the truth is that you are aligning yourself with the natural order of everything”.




 

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